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IESO: El dilema de YPF (y el Plan Gas)

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Por Marcos Rebasa, Andrés Repar, Ernesto Quiles, Juan Carlos Teso. IESO – Instituto de Energía Scalabrini Ortiz

Yacimientos Petrolíferos Fiscales fue fundada en 1922 en plena época del Irigoyenismo. Lo fiscal era sinónimo de estatal. Hubo muchos intentos de políticas ligadas al neoliberalismo para cambiar la sigla o agregarle palabras, como fue en los /90 YPF-Repsol. Lo cierto es que al final no pudieron modificar el nombre YPF ya que estaba y está instalado en el sentir profundo de la sociedad argentina. Representa un entramado donde valores humanos y técnicos, y el sentimiento de pertenencia, construyeron una realidad con dignidad y soberanía.

Allí anida el concepto que el petróleo y el gas son parte de los recursos naturales estratégicos de la Nación. YPF fue y es un hecho histórico que reafirma el desafío del rol del Estado en la energía y asume también un crecimiento en la conciencia social sobre el papel de la política en el rumbo de la economía. Hoy puede y debería aportar a la autoestima nacional. Para ello creemos que YPF debe ser una estructura fuerte de concentración de conocimiento, capital y tecnología para encarar el desarrollo de los hidrocarburos para el autoabastecimiento nacional, en producción convencional y en no convencional. 

La actual producción de gas diaria de YPF es cercana a 35 millones de m3/día. La empresa Total aporta otros 35 millones m3/día, en tanto que Tecpetrol y Pan American cada una 15 millones de m3/ día, y otro conjunto de empresas, Pampa, CGC y Pluspetrol unos 15 millones de m3/d. Se completa esa sumatoria con una decena de productoras menores de 15 millones de m3/día. El conjunto llega a casi 130 millones de m3/día.  El invierno próximo se estima una demanda pico de 145 millones de m3/día: es posible obtenerlo incrementando la diferencia en los próximos meses. Con ello no resultaría necesario importar GNL el año próximo ni ceder a la presión del lobby petrolero para conseguir del gobierno un plan Gas IV que, tal como está diseñado hasta este momento, le permitiría una posición de privilegio y una exagerada renta asegurada, con un precio fijo en dólares por 4 años en plena época de emergencia económica pospandémica.

Los pozos en la zona madura de Vaca Muerta poseen una capacidad de producción, en plazos de 3 a 4 años, que puede superar el déficit de producción de gas del país. Para ello el programa para el gas natural debería ser intenso y prioritario con la entrada de lleno a las perforaciones en ese yacimiento, en la llamada Zona II de gas asociado y la zona III gasífera de mayor maduración.

Ello requiere de una política energética de Estado firme y concreta. Siempre de acuerdo con nuestras estimaciones, la rentabilidad de la producción no convencional es muy importante con precios de venta al mercado de entre 2,50 y 3 dólares el MMBtu, como ocurre ahora, ya que superan los costos que se han estimado en base a los balances de las propias empresas. Si los promediamos con la producción de yacimientos convencionales (que en la actual formulación del Plan Gas IV, no se diferencian de los no convencionales), de costos sustancialmente menores, podemos evitar buena parte de la erogación por parte del Estado, con la consiguiente carga para la economía nacional, del subsidio que significan los precios reales que se atribuyen  a ese Plan, de 4 dólares el MMBtu, consolidados a 4 años y creciendo en ese plazo. Sin considerar en ese plan los costos de producción y sin exigir su apertura a las empresas participantes.

Si mantenemos los precios actuales de la producción–excepción hecha de los de la Res. 46 de Aranguren, que finaliza el año 2021- en el mercado nacional de gas, además de alentar el resurgimiento de la producción y el trabajo de nuestra economía, podríamos optimizar notablemente el costo de la energía eléctrica, en cuya matriz el gas tiene una importancia determinante. El precio actual que paga Cammesa por esa energía ronda los 2,50 dólares el MMBtu o menos, y, aplicado en simultaneidad con otras medidas conexas, permitiría reducir el costo del MWh., con la consiguiente reducción sustancial de subsidios a la electricidad, cuya carga aqueja hoy también al presupuesto nacional.

Por ello el Plan Gas IV puede contribuir a esta solución si se modifican sus condiciones, que perjudican las posibilidades de una alternativa nacional, ya que desangra al Tesoro con su carga de subsidios impagable (el precio del gas es la base del costo de la energía nacional, y la energía es uno de los costos principales de la economía). Si bien la posición del IESO siempre ha sido, y sigue siendo, que los precios de la energía no deben estar dolarizados porque eso imposibilita el desarrollo de una economía sana en nuestro país, entendemos la situación actual y planteamos soluciones alternativas :  entre ellas, limitar el plazo de 4 años del plan; limitar el precio techo propuesto de 4 dólares, a los valores actuales del mercado; adecuar su precio en dólares, atándolo a otras variables limitantes; financiando la producción de pozos mediante la intervención de la empresa estatal IEASA en acuerdo con YPF y otras empresas privadas; instituyendo un fideicomiso a tal efecto con préstamos estatales y aportes privados y del público que aporte los financiamientos necesarios.

YPF representa aproximadamente un tercio de la actividad hidrocarburífera del país. Se estima que, si YPF encara más perforaciones propias, y, además, se asegura la colaboración del resto de las petroleras con un aumento de sus actividades, estaríamos en condiciones de resolver el autoabastecimiento.

Para ello se necesita el financiamiento estatal y la reorganización de la estructura societaria de la empresa nacional, que debe volver a ser empresa de bandera, ya que la actual no responde a las necesidades de la expansión nacional de producción de hidrocarburos a precios razonables. Ello puede concretarse si abandonamos las propuestas que no contemplan estas necesidades, como la construcción de ferrocarriles, rutas o gasoductos de dimensiones faraónicas que sólo favorecen el desarrollo del empresariado privado subsidiado por el Tesoro Nacional y las tarifas que paga la población y la industria.

Una nueva YPF puede, en pocos meses, poner en funcionamiento su potencial en los yacimientos convencionales y no convencionales, intensificar la perforación y obtener volúmenes para el autoabastecimiento en un plazo razonable. En ese camino al aprovechamiento de un recurso natural del pueblo argentino, el autoabastecimiento comprende también la valorización de su riqueza, agregando industria nacional de productos que aprovechan el gas como insumo, así como la exportación eventual a países vecinos.

Hoy YPF se halla en el dilema de ser una petrolera más, o ser la gran protagonista de las necesidades del país, recuperando los objetivos para los cuales fue fundada. Pero ello exige replantear su configuración societaria y una conducción atada a los intereses nacionales que lleva adelante el Frente de Todos.

 

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